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Estas deliciosas tartas de crema, también llamadas pasteles de nata, con sus hojaldradas tartaletas y rellenos cremosos, se han convertido en un dulce icónico que representa la identidad gastronómica de la ciudad. Hoy, nos embarcamos en un dulce viaje a través del tiempo para descubrir la interesante historia detrás de la creación de los Pastéis de Belém y por qué ocupan un lugar tan especial en el corazón de los habitantes de Lisboa.

Nuestra historia nos lleva de regreso al siglo XIX, cuando Portugal experimentaba un período de profundos cambios políticos y sociales. En el año 1820, la revolución liberal trajo reformas radicales al país, lo que llevó a la disolución de muchas órdenes religiosas. En medio de estos cambios, los monjes del Monasterio de los Jerónimos en el distrito de Belém se encontraron en una precaria posición, enfrentando la amenaza de desalojo y un futuro incierto.

En la cocina del monasterio, los monjes habían perfeccionado una receta secreta para una tarta de crema que se había convertido en la favorita de la comunidad local. A medida que se difundió la noticia del posible cierre del monasterio, hubo una urgente necesidad de asegurar su supervivencia. En un golpe de genialidad culinaria, los monjes decidieron compartir su receta secreta con una cercana fábrica de azúcar llamada “Casa Pastéis de Belém”, con la condición de que se les permitiera seguir horneando las tartas en las instalaciones del monasterio.

A partir de ese momento, la humilde tarta de crema que solo era conocida por los monjes del Monasterio de los Jerónimos fue presentada al mundo exterior. Los pasteles se convirtieron en una sensación al momento, cautivando los paladares de los lugareños y atrayendo a curiosos viajeros de todas partes. La fábrica de azúcar, ahora la custodia de esta codiciada receta, honró el acuerdo y así nacieron los “Pastéis de Belém”.

Con el tiempo, los Pastéis de Belém comenzaron a trascender sus humildes orígenes y se entrelazaron profundamente con la identidad de Lisboa misma. El nombre “Pastéis de Belém” no solo se refiere al distrito donde se encuentra el monasterio, sino que se ha convertido en sinónimo de los pasteles de nata, elevando aún más su estatus como una icónica delicia portuguesa.

Lo que hace que los Pastéis de Belém sean tan especiales es la forma en que la receta ha sido cuidadosamente preservada a lo largo de las generaciones. Hoy en día, los descendientes de los custodios originales guardan el secreto con la máxima diligencia, asegurando que el auténtico sabor y textura se mantengan inalterados. Este inquebrantable compromiso con la tradición ha llevado a una notable consistencia en el sabor, permitiendo que cada bocado de Pastéis de Belém lleve consigo la esencia de la historia y el patrimonio de Lisboa.

El atractivo de los Pastéis de Belém radica no solo en su fascinante trasfondo histórico, sino también en su delicioso sabor. Cada tarta presenta una tartaleta mantecosa y hojaldrada meticulosamente elaborada por manos expertas, creando el recipiente perfecto para el exquisito relleno de crema. El centro cremoso, preparado a partir de una armoniosa mezcla de huevos, azúcar, leche y un toque de vainilla, crea una sinfonía de sabores. Estas tartas son mejores cuando se sirven calientes, espolvoreadas con un poco de canela y azúcar en polvo.

Hoy en día, los Pastéis de Belém han ganado su merecido lugar como una delicia imprescindible para cualquiera que visite Lisboa. Mientras caminas por las encantadoras calles de esta histórica ciudad, encontrarás innumerables pastelerías que ofrecen su versión de los pasteles de nata. Sin embargo, ninguna puede replicar verdaderamente la magia de los originales Pastéis de Belém, elaborados en los sagrados salones del Monasterio de los Jerónimos.

¡Bom apetite!

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